
Son las cinco de la tarde del día viernes, Quilmes se torna oscuro y las luces se apagan. Mejor dicho se cortan. Villa Argentina, 20 de Julio, Solano, La Matera, La Paz, La Ribera, La Florida, Kolinos, Bernal Oeste: siempre los mismos. Los barrios populares son los que sufren los constantes cortes de suministro.
“Todos los días se escucha un transformador distinto explotar, hasta parece ya un ruido habitual “, declara María, vecina del barrio La Paz. Incluso se registraron incendios de cables de alta tensión y de aquellos transformadores que luego explotan. La misma historia se repite: llamar a Edesur, que te tengan una hora esperando en línea, te toman el reclamo y te dan esperanzas de que una cuadrilla de mantenimiento vendrá a solucionar el problema. “Todavía los estamos esperando”, expresa.
A pesar de haber hecho los reclamos correspondientes y de realizar distintas manifestaciones, los vecinos se sienten ignorados. En las últimas horas, en Villa Argentina, y 20 de Julio, la luz volvió por un momento. A 400 voltios. Si, 400 voltios que provocaron la quema de más de cientos de artefactos.
En estos momentos, a pesar de la inversión para infraestructura que el Estado Nacional subsidia, pero sobre todo, por las escandalosas sumas que pagan y que se incrementaron desde el gobierno anterior, se recibe un servicio totalmente ineficiente. Un servicio indispensable, hoy por hoy, que es brindado por una empresa privada monopólica, ni siquiera da respuestas a sus usuarixs.
A la falta de luz se suma la falta de agua. A la falta de agua, la falta de gas natural en algunas zonas. Al gas natural, el frío que significa no poder encender una estufa para hacerle frente a las bajas temperaturas de invierno. Y si seguimos la lista es interminable. Cosas que parecen obvias y básicas para algunxs, en los barrios del conurbano no lo son.

Según un informe del Observatorio del Conurbano, “en los 40 partidos de la Región Metropolitana de Buenos Aires (RMBA), existen 1.271 barrios informales. Allí residen casi el 10% de los hogares que, en su gran mayoría viven en barrios con serios déficits de accesibilidad a infraestructura básica, equipamiento comunitario, transporte y condiciones ambientales adecuadas”. Además se dice que “entre el 80 y 85% de los hogares se localiza en barrios sin red cloacal y de gas natural. Mientras que entre un 34 y 36% de los hogares viven en barrios sin agua de red, pavimentos, ni medidores individuales de energía eléctrica”.
Es que en contextos como estos, donde hay familias enteras con niñxs que viven en una sola casa o donde hay personas mayores sin a quien recurrir, donde los últimos alimentos que compras se echan a perder por la falta de refrigeración, las posibilidades de combatir la pandemia se vuelven escasas. ¿Escasas?, imposibles.
H.B.
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