
“Yo no voy a ver morir a mi hijo porque una ley no me acompaña”, dijo en el marco de la marcha por la legalización de la marihuana de 2018, Jimena Formosa, Directora de Mamá Se Planta.
Esta asociación civil, al igual que Mamá Cultiva, representa a madres y familiares de pacientes con diversas patologías que recurren al cannabis de forma medicinal como un paliativo y, junto con otras como Cameda (Cannabis medicinal argentina), luchan porque se legalice el autocultivo y se contemplen otras enfermedades en la vigente ley.
Al respecto, Valeria Salech, presidenta de Mamá Cultiva, se expresó al hablar del rol de su organización frente a la ley vigente hasta el momento: “Somos la voz de los que no tienen voz”, porque esta ley sólo tiene en cuenta a pacientes con epilepsia refractaria mientras que niega el acceso seguro a personas con cáncer, glaucoma, esclerosis múltiple, entre otras.
En nuestro país desde 1999 todos los años se da una movilización cada primer sábado de mayo, donde diversos organismos, consumidorxs, cultivadorxs y profesionales de diversas áreas se concentran en Plaza de Mayo y luego marchan hacia el congreso para pedir la legalización total, principalmente, y que se regule la ya existente.
La ley 27.350 promulgada en abril de 2017 contemplaba la importación de aceite de cannabis, así como también el cultivo por parte del INTA y la fabricación en los laboratorios públicos de este aceite, mientras que las ong’s impulsan el autocultivo porque lo consideran una herramienta democrática ya que cualquier persona de cualquier estrato social puede acceder a él y a la terapia de cannabis. “Autocultivo significa soberanía sobre nuestra salud y la de nuestras familias” es uno de los lemas de Mamá Cultiva, porque éste junto con el cultivo solidario promueven un sistema que puede satisfacer la demanda de innumerables pacientes de manera autosustentable y que no involucre comercio alguno. Sin embargo, la ley de 2017 no regula el cultivo solidario ni comunitario.
Estuvo contemplada dentro del presupuesto de salud la investigación a través del CONICET de las propiedades de la planta y la creación de un registro al que podrán inscribirse los usuarios medicinales de cannabis. Dichas organizaciones estuvieron a favor de esta medida ya que estaban al tanto de la existencia de múltiples cepas de cannabis y que no todas son apropiadas o útiles para cada patología, lo mismo sucede con el aceite, así además podrían tener la posibilidad de acceder a tratamientos mundialmente utilizados y estudiados. Ya en ese entonces, bregaban por la libre información sobre el tema y consideraban que la creación de un registro podría ser útil para que dejen de ser criminalizados y estigmatizados al asociar esta actividad al narcotráfico.
Hoy, mediante un decreto se aprobó una nueva reglamentación en la ley de cannabis medicinal que incluyó el autocultivo, saldando una deuda histórica con organizaciones sociales y sobre todo, con familias que reclamaban ayuda y que por años fueron dejadas solas, perseguidas y estigmatizadas injustamente.
A partir de ahora: toda persona con una patología, sin importar cual sea, que necesite de cannabis como tratamiento o paliativo podrá cultivar. Tiene que tener una indicación médica e inscribirse en el Registro del Programa Cannabis, a cargo del Ministerio de Salud, que lo autorizará.
-Podrá cultivar otra persona por ella o una organización civil. También se habilitarán farmacias para vender y producir “formulaciones” que pueden ser aceites, cremas, etc. Quienes lo necesiten podrán acceder a estos de forma gratuita.
-Se promueve la creación de una red de laboratorios públicos y privados asociados que garanticen el control de los derivados producidos y se impulsan las investigaciones en clínicas y las realizadas por: instituciones de ciencia y técnica como CONICET, universidades e instituciones académicas, sociedades científicas, y organizaciones de la sociedad civil sean nacionales, provinciales y municipales.
M.B.
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