Hay muchas series y películas emblemáticas sobre la figura de los padres, figuras positivas y negativas. Los padres más recordados por todxs son sin dudas los de comedia. Habría que preguntarse si esto nos dice algo sobre cómo vemos a los papás en las series y películas, lo gracioso que es verlos en ese rol. Los hombres en ese contexto dan gracia porque no saben qué tienen que hacer, o porque lo hacen mal, o porque pierden la paciencia.
Los Campanelli fue una serie transmitida en la Argentina desde 1969 a 1974, una idealización de la vieja idea familiar italiana, de mesas grandes, manteles blancos con rayas rojas y manchas de tuco, muchxs tíos y tías, sobrinos y sobrinas, nietos y nietas corriendo por todos lados, donde los domingos se reunían alrededor de un plato de pastas para pelearse y arreglarse. Las peleas siempre eran por pequeñeces, nada muy grave pasaba, el patriarca de la familia era “Don Carmello Campanelli”. El padre era un tano medio inocentón y cascarrabias, estaba en la familia para imponer el orden y mantenerlxs a todxs unidos bajo su techo.
Una idealización de que las diferencias se pueden apaciguar con un par de golpes sobre la mesa, algunos gritos en cocoliche, donde no hay malos parientes o malas personas, la sangre está por sobre todo y el jefe indiscutido es el hombre cabeza de familia.

En los ochenta apareció el gran símbolo de padre, que si bien venía justamente a criticar y repudiar las sit-com yanquis, donde el papá era un ejemplo de hombre de familia, terminó instalándose como parte del sentido común. Homero Simpson en Los Simpson es el perfecto idiota, primero un padre inútil con ciertos atisbos de buen corazón y luego un violento irracional que descarga su furia en sus hijos y sus frustraciones en su esposa, que más que esposa, es su madre. No es el hombre ideal, no puede mantenerse sobrio, tampoco cuidar de sus hijxs, mantiene un trabajo que lo hace infeliz y su entretenimiento es comer y mirar la TV.
Homero y Los Simpson representan una apertura del cinismo hacia la unidad familiar, si bien a pesar de mostrar con crudeza las cosas malas, en el fondo, termina primando la familia.

En tercer lugar tenemos a Grande Pa en los 90’s durante el menemismo y el “uno a uno”. El padre protagonizado por Arturo Piug es un hombre de mediana edad, viudo y con tres hijas mujeres. Énfasis en que son las tres mujeres, por lo tanto, el chiste de la serie es él intentando intervenir en temas “exclusivamente femeninos” o “de los que se debería encargar una madre”. Tiene una empleada que lo ayuda con estas cuestiones y a su vez Arturo la corrige constantemente por su uso del lenguaje, una especie de idealización clase-mediera sobre la pobre buena pero inculta.
La telenovela está guiada por una perspectiva muy masculina de lo que la mujer es y debe ser: muy moralista, se responde ante el padre. Pero si vemos el lado positivo parece que la relación entre el papá y sus hijas es muy cercana, éste realmente se preocupa por ellas. Sin embargo supondría que para que esto pase hay que ser viudo, porque de esas cosas “se encargan las mujeres”.

Más Barato por docena es una película cómica de los 2000’s. Todxs lxs que hoy tenemos más de 20 la vimos cuando éramos chicxs, soñamos con tener más hermanxs y una casa enorme y que nuestro país sea para personas millonarias. En la película Tom y Kate deciden tener muchxs hijxs, doce hijxs, la pesadilla para cualquiera. Todo está bajo control hasta que al seguir el sueño de Tom, se mudan a la ciudad y la madre los tiene que dejar por cuestiones de trabajo por un tiempo. En esas semanas Tom comprueba que no conoce a sus hijxs y que todas las tareas de cuidado estaban relegadas única y exclusivamente a Kate. No conforme con eso, culpa a sus hijxs de los problemas que le causa esto con su trabajo y llama a su hija mujer mayor para que se encargue de cuidarlxs.
Ya en la década de los 2000’s en nuestro país, en el podio de los padres argentinos tenemos a “Pepe Argento”, el “único cuerdo”, donde su violencia es justificada basada en el hecho que toda su familia es inútil o promiscua.
Muy lejos de los padres ideales, hoy cuando se vuelve a ver Casados con hijos, parece algo mucho más antiguo que Grande Pa y que Más barato por docena. La hija Paola es tonta y promiscua, el hijo Coki es virgen y por lo tanto idiota, la madre Moni no ejerce como madre ni como ama de casa y por lo tanto es una de las figuras más atacadas, se la considera una carga para su marido porque no le cocina o no limpia, y a pesar de los muchos maltratos recibidos se desespera por convencer a Pepe de tener sexo.
Pepe por su parte insulta y ataca constantemente a su familia por sus fallas, es un hombre de pocas aspiraciones, clase media, quizás venida abajo, un síntoma del paso del 2001 por las vidas de las familias argentinas. Una violencia poco contenida se ve a través de toda la serie, ya sea entre los mismos familiares, como hacia los de afuera. Cuando salió la serie todxs nos poníamos en la posición de Pepe, nos identificabamos con el que parecía el único cuerdo, sin embargo hoy al volverla a ver, parece algo muy distante y casi pasado de moda. Pepe no es como Homero, no se suponía que teníamos que reír de él sino con él, y a diferencia de Homero en Los Simpson (en las primeras temporadas), Pepe no ama a su esposa, no ama a su hijo, no ama a su hija, no ama a sus vecinxs, ¿Cómo logramos en ese momento identificarnos con semejante persona? Su violencia la ejerce con su billetera, es el que paga, es el que provee, es el que merece.
En búsqueda de ejemplos actuales de padres que definan la época, que nos muestren cómo es esta figura para la sociedad o como debería ser, no los he encontrado. Tengo dos hipótesis al respecto: la primera es que la historia no se hace en el presente, en realidad este tipo de símbolos sólo los podemos ver cuando miramos para atrás, en el pasado. La segunda hipótesis va hacia otro lado, las personas actualmente se están repensando si quieren tener hijxs, la juventud no lo ve como algo seguro o mandatario, o quizás el padre inútil de las comedias ya no causa risa.
A.B.
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