
Estaba mirando las redes cuando de repente me llega un mensaje a un grupo de whatsapp. Era un audio de una persona anónima que decía ser enfermera y que alertaba al público acerca de no ir a un hospital específico porque estallaban los casos de coronavirus y tenían que atender en la calle sin ningún tipo de protección de bioseguridad. Esto generó debate y malestar entre quienes habíamos recibido el mensaje y sobre todo en quien lo había reenviado, ¿era cierta esta información?
“El COVID-19 se transmite por antenas 5G”, “comer ajo te inmuniza del coronavirus”. Versiones terraplanistas incluso afirman que el virus no existe. Estos y más fueron los dichos y mitos que hemos escuchado a lo largo de los más de 100 días de cuarentena, convirtiéndose en fake news (noticias falsas) que se viralizan por las redes y generan aún más incertidumbre de la que ya nos rodea. A veces incluso los propios medios tradicionales y reconocidos periodistas las levantan dándole carácter de veracidad. Audios anónimos o con identidad falsa, cadenas para curar o prevenir la enfermedad, vídeos de falsos médicos o científicos que se jactan de comunicados oficiales, son algunos de los elementos que circulan desde el día cero, que dan vida a las fake news y generan confusión y desinformación.
Presidentes como Donald Trump han colaborado con dichos absurdos al sugerir la posibilidad de inyectar desinfectante a los pacientes de COVID 19 para eliminar la enfermedad. “Veo que el desinfectante lo noquea (al coronavirus) en un minuto. En un minuto. ¿No habría alguna forma de hacer algo así con una inyección en el interior o casi una limpieza?”, expresó . En la misma línea, Jair Bolsonaro ha promovido la idea de que la misma genética de los brasileños podría ser inmune al virus. “El brasileño tiene que ser estudiado. Él no se contagia nada. Lo pueden ver saltar en la alcantarilla, bucear, ¿verdad? Y nunca le pasa nada. Yo creo que hay mucha gente que ya se ha contagiado en Brasil, en pocas semanas o un mes, y ya tiene los anticuerpos que ayudan a que no se siga proliferando" Sí, frases como estas fueron dichas por dos de los mandatarios más importantes de América. Al parecer la desinformación no solo proviene de nuestros grupos de Whatsapp.
Si bien las noticias falsas y las prácticas de desinformación nos acompañaron desde el origen de nuestra vida en sociedad, lo que hoy resulta una novedad es la capacidad disponible para viralizar contenidos. Hoy con un solo clic, podemos enviar eso que creemos cierto a todos nuestros amigos de Facebook o de cualquier otra red, con un solo clic reenviamos el mensaje a todos nuestros contactos. Es que, en esta era de sobreinformación es donde más debemos prestar atención a aquello que se viste de cierto y termina siendo “pescado podrido”. Por supuesto también debemos tener en cuenta de que existen noticias con cierta intencionalidad que están detrás del propio hacer periodístico, que no persigue fines ingenuos, donde hay plena consciencia de lo que se dice y difunde, donde se ponen en disputa intereses políticos, económicos, culturales y la propia construcción de sentido.
Es por ello que debemos apelar a la responsabilidad de lo que decimos y compartimos. Sobre todo, en un contexto tan sensible como este. Aquellos como mandatarios, nosotrxs como periodistas y ciudadanxs, debemos desarmar y chequear aquello que nos venden como verdad absoluta. Tal vez la pregunta con la que arranqué no sería la más adecuada “¿Es cierta esta información?”, sino que la reemplazaría por “¿Qué sería lo cierto?”
H.B.
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