
Ya era de noche y hacía varias horas que en la Cámara de diputados se estaba debatiendo en vivo y en directo la votación del proyecto de ley, mientras la plaza del Congreso estaba dividida en dos por vallas, y las calles que la rodean se saturaron de gente.
La brillantina en la cara y los pañuelos pintaron de verde a la multitud que agitaba por la legalización del aborto. Entre cantos y bailes, charlas y sonrisas, varios grupos de estudiantes se sentaron en ronda sobre la calle Callao y compartieron mates, sanguches y selfies: “vine acá porque esto es histórico, me voy a quedar a dormir con mis amigas porque queremos la ley y porque es la primera vez que pasa, hay que estar”, dijo una de las chicas que se encontraba sentada en la ronda. Un joven y otra joven debatían a su lado si era posible su aprobación o no, “faltan lxs diputadxs indecisxs, ahora son nueve”.
Las calles estaban repletas por la multitud, una marea verde que viajaba de un lado hacia el otro con afiches y carteles que decían: “La iglesia mata, el Estado calla, aborto legal ya!”, “Nosotras parimos, nosotras decidimos”. Un grupo de chicas pasó gritando: “¡Organizadas, organizadas!” y por detrás, al dejar descubierto un pequeño hueco de la calle, se llegó a leer sobre el asfalto escrito con aerosol blanco: “Que sea ley”.

Las banderas políticas y de centros de estudiantes acompañaron a las carpas con comida, pines, remeras y abrigos. La gente posaba para las fotos y algunas personas se detenían a hablar con los medios: “Yo tenía veinte años y trabajaba en obstetricia, renuncié porque me cansé de ver morir gente que no debía. Ahora salgo a las calles a contarlo. Voy a ser los ojos de los que no puedan ver. Porque de las puertas de emergencia para adentro la gente no puede ver”, dijo una mujer vestida con un ambo blanco. “Hay equipos médicos que entienden esta situación, necesitamos un lugar digno”, agregó. Los reporteros le agradecieron por su colaboración y la cámara siguió enfocando hacia la plaza del Congreso.
La vigilia estaba dispuesta para durar lo que durase la votación, hasta que los diputados definieran y eso significaba estar ahí hasta las diez de la mañana del día siguiente. No importaban las condiciones climáticas ni la incomodidad. Quienes fueron a aguantar estaban luchando para que el aborto fuera legal, “¡para que no haya ni una muerta más!”, se escuchó gritar.
AF.
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