Era adolescente la primera vez que tuve dudas sobre mi sexualidad, pero recién con 22 años caí en que venía arrastrando algo hace tiempo. De a poco se me empezó a notar, y mi mama se dio cuenta rápido de lo que me pasaba. Mis hermanas igual, ellas caminaron conmigo en la Marcha del Orgullo cuando aún no les había contado nada. Una vez que estaba todo dicho solo faltaba papá. Creí que con él iba a ser más difícil, hasta que un día vino y me dijo “vení, vamos a tener la charla” y me vi sentada merendando con él, pensando qué debería decir o mejor dicho, cómo. Me costó empezar porque sabía que en esta sociedad no es lo que se espera de mí, ni lo que se quiere, como si importara que hiciéramos o no cada unx en la intimidad. De todas formas ahí estaba, juntando fuerzas para decirle que me gustaba una chica, bah en realidad una no, que me gustan las chicas y que quería estar con una. Siempre tuve mucha libertad en mi crianza y acceso a información que me ayudó, sabía que no estaba mal lo que me pasaba pero de todas formas tuve miedo de lo que mis padres pensaran, de su decepción, de pasarla mal. Papá me abrazó y me dijo que me ama y que siempre sería así, y entre lágrimas pensé en la suerte que tuve y que tengo de que me apoyen, traten de aprender y hasta, a su manera, militen los derechos del colectivo conmigo.
Hace casi un año que salí del closet. Pero hace mucho más tiempo que me sentía incómoda con algo, no sabía muy bien con qué pero algo adentro me incomodaba, me sentía incompleta. Tenía muchas dudas sobre eso, porque una vez que te planteas una duda llegan todas juntas. El peor momento es cuando llegas a dudar de vos mismx. ¿Qué me está pasando? ¿Por qué si yo sé que no está mal que me pase esto de todas formas tengo miedo y tengo dudas? ¿Miedo a que? Salir de la norma siempre da miedo. Miedo al rechazo, miedo a la exclusión, o peor miedo a que me pase algo. El miedo existe porque este país se esconde en una falsa inclusión.
No podemos hablar de un país verdaderamente inclusivo cuando la población trans no tiene más de 35 años de expectativa de vida, ni apoyo del estado que fomente y lxs incluya en el mercado laboral. No es inclusivo un país en el que predominan políticas binarias, y heteronormativas. Donde parte de la comunidad es violentada o incluso asesinada por cómo eligen vivir y por mostrarse tal cual son, por su elección sexual o su identidad o expresión de género.
Con mi novia se me terminaron de aclarar todas las dudas, ¿Cómo se puede dudar del amor? ¿Cómo va a estar mal amar a alguien? ¿Cómo me voy a esconder si soy la persona más feliz del mundo? ¿Cómo vamos a dejar que gane la gente que destila odio? Ella me enseñó a no tener miedo, a pensar que juntas podemos comernos el mundo cada vez que vamos caminando de la mano, porque vivir a escondidas no tiene que ser una opción ¿O acaso le pasa a todxs? ¿Alguna vez amaron en silencio por miedo a recibir insultos o una golpiza, besaron para aparentar y conformar al resto? Yo si, y muchxs más también.

Por esto es necesario que existan días como hoy que se celebra el Día Internacional del Orgullo LGBT+, para que luchemos por la inclusión y la igualdad que hace tantos años se nos debe y sobre todo porque lo que no se ve, no existe. Nuestro país tiene una historia de desapariciones, pero acá estamos, existimos, y hace años que marchamos, que festejamos y visibilizamos, que a pesar de todo, estamos, juntxs, y que nunca nos avergonzaremos de ser quienes somos. Militaremos siempre nuestro derecho a ser ciuadadanxs de derecho, y no ciudadanxs de segunda, y seguiremos consiguiendo conquistas. La Ley de matrimonio Igualitario y la de Ley de Identidad de Género son nuestras victorias. O como ahora, si, en 2020 y en plena pandemia, se empezó a debatir por la ley de cupo laboral trans.
En nuestro país la Marcha del Orgullo es en Noviembre, pero hay que aprovechar cada oportunidad para celebrarnos. Por un futuro sin miedo, dónde se respeten a todas las personas y el amor no esté plagado de condiciones. Para que el futuro de nuestrxs hijxs, sobrinxs y nietxs sea libre.
M.B.
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