Cuando Oriana Sabatini subió un video en su Instagram en donde confesaba padecer trastornos alimenticios, las opiniones crecieron en las redes sociales. El tema de la corporalidad se vuelve a instalar mientras los diarios digitales titulan el caso de Oriana como una valentía por mostrar las imperfecciones de su cuerpo.
Caso contrario sucedió con la última viralización de las fotos de Jimena Barón en donde muestra su abdomen plano. Las críticas de las redes sociales ante las fotos acusaron a Jimena por apología de la anorexia.
Según la Revista Encrucijada de la UBA, “en la Argentina entre el 12% y el 15% de los adolescentes padecen de anorexia o bulimia nerviosa, siendo el 90% de las afectadas mujeres y el 10% varones”. De ser así Argentina se posiciona como el segundo país con más casos de anorexia en el mundo.
En nuestra sociedad tenemos una problemática de trastornos alimenticios silenciosa que afecta gravemente a la juventud y, sobre todo, a las mujeres. No está de más recordar el bestseller autobiográfico “Abzurdah” de Cielo Latini, donde la autora cuenta sus propias vivencias con la anorexia y expone todos los pasos a realizar para comenzar a dejar de comer.

Acá entra en juego por un lado el por qué Oriana Sabatini se expone en las redes para contar su padecimiento y la vergüenza por su propio cuerpo, y por otro lado, el por qué Jimena Barón se expone en redes para mostrar su delgadez. Ambas personas están dentro de la industria musical, son flacas y parecen coincidir con los estándares de belleza que todxs entendemos que es lo ideal: sí, son lindas y tienen buen cuerpo.
¿Pero por qué decimos que tienen buen cuerpo?
En la televisión
La problemática comienza por lo que nos muestran. Desde la niñez vemos en la televisión que las mujeres flacas son las más bonitas, las protagonistas de cada papel, las exitosas de cada historia y las más admiradas. Sin embargo, no vemos mujeres gordas y si las hay, en realidad son las mejores amigas, las chicas graciosas, las sufridas o las que ocupan un papel secundario.
Así funciona la puesta en escena de la televisión, donde se presentan cuerpos femeninos que dicen ser los únicamente aceptados, los cuerpos bellos, los cuerpos delgados. Así también es cómo funciona el sistema de opresión: se calla, se discrimina y se invisibiliza a un grupo social, en este caso a las personas gordas.
En la publicidad
En la publicidad vemos cómo nos promocionan una pastilla para adelgazar y nos muestran a una mujer delgada consumiéndola. Sí, esa chica flaca de la publicidad está tomando una pastilla para bajar de peso. Según un estudio de la consultora Edelma Intelligence, “a nivel mundial el 70% de las mujeres no se sienten representadas por lo que ven en las publicidades. En cuanto a las argentinas la cifra aumenta a 78%, y 8 de cada 10 reconoce que la situación les genera ansiedad”. Y esto ocurre también cuando además de la televisión vemos este estándar de cuerpo en las redes sociales.
Influencers
El auge de las influencers “fit” en nuestro país demuestra cómo mujeres con miles y millones de seguidores comparten sus rutinas de entrenamiento y sus dietas diarias para mantener un cuerpo sano, pero sobre todo delgado, ¿habrá influencers fit que no sean delgadas y no fomenten la delgadez?

No hay dudas de que estas mujeres en las redes sociales se convierten en un modelo a seguir por su estilo de vida, sus consumos y su aspecto. Miles y miles de seguidoras piden más tips de ejercicios, recetas y dietas para lograr ese mismo cuerpo. Un claro ejemplo de influencer fitness es Agustina D’Andraia, autora de “Legalmente fit” y “Diario de una chica fit”. En su Instagram posee más de 260mil seguidores y comparte a diario posteos de motivación, ejercicios y recetas de alimentos saludables.
Estas influencers fitness se asemejan a las celebridades que seguimos en la televisión, son bellas, flacas y exitosas. Y estas puestas en escena que invaden nuestras pantallas se vuelven una constante presión por querer ser y parecer. El cuerpo se volvió algo que hay que adorar y alardear por su aspecto. Se volvió un espacio de opinión pública.
¿Pero qué pasa cuando esa presión no es resuelta y no logramos tener esos mismos cuerpos?
Gordofobia
Si hay algo que se oculta en el discurso a favor de lo sano y la delgadez es la gordofobia por la que vivimos atravesadxs. Así como creemos que lo blanco es bueno y lo negro es malo (como los conceptos de “trabajo en blanco” y “trabajo en negro”), creemos y entendemos que el cuerpo gordo está mal porque no es saludable, no se ve bello estéticamente.
Nos genera un cierto rechazo pensar que podemos engordar. Y esta carga negativa de la palabra “gorda” se vincula con nuestro consumo visual de los cuerpos en las pantallas. El acostumbramiento por los cuerpos delgados y “perfectos” es tal, que creemos que debemos opinar cuando alguien no lo es. El “estás más gordita”, “tenés más pancita y te creció la papada”, pasó de comentárselo a una compañera cara a cara, a escribirlo en un comentario a una chica desconocida en las redes sociales.
Si nos vamos más lejos y llegamos a Hollywood, podemos recordar cuando en los medios y en las redes sociales criticaron a la actriz Scarlett Johansson por sus fotos en bikini donde se ven “signos” de celulitis en sus piernas. Pero Claro, a Scarlett la conocimos como un ícono de mujer perfecta y sexual, una Black Widow con traje negro y delgadez ideal. Rubia, blanca, hermosa y sexy. Su celulitis debería ser inexistente porque en las películas jamás la vimos así. Scarlett hace poco denunció públicamente las presiones que sufre por Hollywood para verse delgada.
Esta es la capitalización de los cuerpos que se esconde detrás de la industria cultural. Quienes forman parte del cine, de la música y la televisión poseen un valor principal que es el de su estética facial y corporal: “cuando vende más el cuerpo que el talento”, podríamos decir.
Así como Oriana Sabatini, Jimena Barón, Scarlett Johansson y todas las celebridades que conocemos, viven bajo presión por cómo se ven frente a las cámaras. Y sin darnos cuenta el discurso gordofóbico se refuerza en lo que ellas nos muestran.
En las redes sociales
La lucha por romper el estereotipo de la mujer perfectamente bella que nos muestran los medios logró instalarse en las redes sociales a pesar de las presiones. Las marcas y las agencias intentan integrar la “diversidad” de cuerpos como Dove y famosas como Ivana Nadal nos dicen desde su Instagram que debemos amarnos a nosotras mismas. Ante la lucha por la ruptura del estándar ideal de belleza llega el discurso del amor propio, del empoderamiento. No importa cómo me vea, me tengo que amar y aceptar como soy.
Esta posición que circula en las redes sociales aparece como una contra lucha por la ruptura de los estándares de belleza, porque su discurso proviene de quienes son presionadas por la industria cultural y poseen los mismos cuerpos que acostumbramos a ver y a caracterizar como bellos e ideales. Ivana Nadal con su cuerpo delgado y su vida fitness nos muestra en un video que al encorvar su espalda le aparecen rollos en la panza y nos dice que son cosas que aún le molestan pero que las acepta. “Así es como soy, siempre mostré la realidad, nunca usé photoshop” (…) “También hay chicas que no tienen celulitis, también hay chicas que no tienen estrías, también hay chicas que se sientan y no se les hace un rollo. Aceptá que el otro es diferente, no quieras buscar lo que te molesta de vos en otra persona para que empieces a tener empatía, no hagas eso. Aceptá al otro porque es distinto y ya, enfócate en vos, toda la energía en vos, aceptate, trátate bien y las cosas que te molesten, comenzá a cambiarlas”.
Ivana Nadal nos demuestra que es flaca pero que también se le hacen rollos, algo que al parecer le pasa a las gordas. Sin embargo nos asegura que ella es un cuerpo real porque no usa Photoshop y que nosotras nos tenemos que aceptar tal cual somos, porque también existen otras chicas como ella que no tienen celulitis ni estrías. ¿No será que las mujeres que no tienen estrías ni celulitis son las que se muestran en la TV y en las redes sociales? ¿No será que también en otras mujeres que sí lo tienen en realidad utilizan los efectos del Photoshop?

El marketing y el discurso del amor propio
Sin dudas la posición de Ivana Nadal es de privilegio porque forma parte del estándar de cuerpo ideal que todxs conocemos. Esto es lo que la industria cultural logró con el marketing, un discurso de amor propio para que lo difundan las mujeres que cumplen con su mismo estereotipo de belleza y cuerpo perfecto, mientras las actrices, cantantes y periodistas siguen recibiendo la presión por estar más delgadas frente a las cámaras.
Todas las mujeres no tenemos el mismo estilo de vida, ni la misma rutina o el poder adquisitivo de Ivana Nadal. Es difícil pedirle a una mujer que fue mamá que acepte su propio cuerpo, cuando las marcas de dar a luz le dicen que no se parece en nada a lo que ve en las publicidades. Es difícil pedirle una niña que ignore los comentarios que le hacen en el colegio con respecto a su panza. Es difícil decirle una chica adolescente que estar gorda no está mal, porque aun así la van a seguir rechazando.
Es verdad que se rechazan a los cuerpos gordos, que se los excluye en los espacios públicos como en asientos y molinetes, que se los excluye en marcas de indumentaria y en los talles. Es cierto que si los cuerpos gordos aparecen en la televisión son para un reality show para bajar de peso, para un programa de chistes o una película de comedia donde la mujer gorda es la graciosa y mejor amiga del varón.
Pedir por el amor propio calla el sufrimiento por no ser como ellas, por no ser aceptadas y gustadas, porque en realidad no aceptarnos es nuestro problema. Nos enseñaron a no querernos, porque durante décadas invisibilizaron cuerpos que nos rodean todos los días y que incluso conviven en nosotrxs.
Por otro lado existe el discurso de lo saludable, que más allá de lo estético, busca que no existan los extremos de delgadez u obesidad para prevenir problemas de salud. Este discurso tiende a condenar más a las personas obesas por su “falta de vida y alimentación saludable”. Sin embargo en el caso de Oriana podemos ver cómo la delgadez no se cuestiona ni tampoco levanta sospechas de mala alimentación. A pesar de padecer trastornos alimenticios nadie le dijo que estaba anoréxica. Su mamá Katherine Fulop contó lo difícil que es darse cuenta de que su hija padecía de anorexia al no verse como tal.
“Nosotros como papás tratábamos de ayudar desde el ejemplo, pero uno no terminaba de darse cuenta porque ella no estaba flaquita anoréxica”, y agregó “nunca fue ni gorda ni flaca. Entonces no puedes darte cuenta que realmente hay un problema”.
La salud puede ir más allá de un aspecto o condición física, lo que demuestra que en la delgadez se oculta un paraíso para algunas y un infierno para otras. El discurso en contra de los extremos oculta lo que realmente es saludable y que eso en realidad no se basa en lo superficial.
La flaca está bien, la gorda está mal
El problema está en que se rechaza más a la gorda que a la flaca, se busca adelgazar en su mayoría, no aumentar de peso. Lo gordo está mal y lo flaco está bien, porque cuando bajás de peso te dicen que estás más linda, pero se olvidan que detrás de la palabra “linda” está la agonía de muchas mujeres que hoy en día sufren porque sienten la presión constante por ser bellas y delgadas como las mujeres que ven en las pantallas.
La revista Caras titula: “La hija mayor de Máxima luce con orgullo su look plus size. Amalia (16), la hereda al trono de Holanda, víctima del bullying, enfrenta las críticas con fortaleza y el incondicional apoyo de sus padres. Una princesa que vive su adolescencia sin tabúes y defiende su figura de mujer real”. ¿Acaso ser gorda es ser valiente? ¿Realmente es necesario opinar sobre su cuerpo?
La revista Caras expone una vez más cómo funciona el discurso del amor propio y de la fortaleza interna que debemos tener para amarnos a nosotras mismas. Para Caras, Amalia está orgullosa de su look “plus size” a pesar de las críticas, porque ella es fuerte. El indicativo de que está gorda sigue existiendo en los medios, pero esta vez con otras palabras. Es una sutil manera de decirle que su cuerpo se sale de la normativa que acostumbramos a ver en las tapas de revistas. Su orgullo parte de la valentía por usar un vestido aun siendo gorda, no por otras cualidades de su persona.

La directora de la revista, Liliana Castaño, pidió en un posteo de Instagram que leamos todo el texto en vez de quedarnos sólo con el título, como si con éste no alcanzaran las palabras para decirlo todo. “Nuestra intención, a lo largo de casi 28 años de vida, ha sido rescatar lo que inspira, visibilizar la inclusión y darle voz a los que muchas veces no tienen el merecido espacio”. Visibilizar e incluir no es seguir estigmatizando por un aspecto físico, Liliana.
Al igual que la difusión del caso de Oriana, al publicar que ella se anima a mostrar sus “imperfecciones”, los medios destacan también que otra mujer está gorda y que se ve orgullosa por usar un vestido. Nuevamente vemos esa necesidad de remarcar algo cuando no coincide con los estándares que fueron construidos.
En un intento de estrategia de marketing para apoyar la diversidad y dejar de discriminar a los cuerpos gordos, volvemos a lo mismo una vez más: la estigmatización, la exclusión y el rechazo por la gordura.
Cuando en el mundo tenemos millones y millones de mujeres sintiéndonos mal por nuestros cuerpos, porque creemos que estar gordas es lo peor que nos puede pasar, deberíamos darnos cuenta de que en realidad nosotras no somos el problema, sino quienes nos hacen sufrir por esto.
A.F.
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