
El amor a distancia lo vimos en muchas películas, como aquellas en donde la pareja del pibe lindo y la piba linda se enamoran, se juran amor eterno en medio de llantos y gritos. Él se va, porque siempre es él quien se va, pero a la vuelta el amor mágicamente sigue ahí sin esfuerzo, sigue ahí porque el amor es para siempre. Esta escena suele venir acompañada de una corrida por un aeropuerto, parecería ser que si a unx no lo persiguen por el aeropuerto hay que pedir la separación.
Gracias a estas películas tenemos una idea romantizada de la distancia, como una prueba de fe y amor eterno. La realidad es que sólo es otra circunstancia de la pareja, no es romántico, no es legendario, no hay glamour, se vive día a día... pero la intimidad se debe buscar de otra manera.
Con el inicio de la cuarentena obligatoria Twitter estalló cuando varios gobiernos de distintos países recomendaron a su población mantener el distanciamiento social de la pareja, y utilizar otros medios para conectarse en la intimidad.
No hay besos, no hay abrazos, no hay caricias. Frente a la pandemia el cuerpo del otrx puede ser portador de la enfermedad y se deben encontrar otras formas de sentir, de ser vistx.
La cuarentena puso en pausa muchas cosas, muchas parejas quedaron congeladas, muchos encuentros postergados. Toda relación tiene sus parámetros, su normalidad, incluso aquellas que ya se encontraban a la distancia han perdido la estructura que sostenía ese vínculo. Camila está en una relación hace un año y medio: “Es un todo, lo cotidiano, caminar de la mano, cocinar juntxs, pasar tiempo en su compañía en general”, dice al respecto.
Se habló mucho del sexo virtual, de las nudes, y del peligro de ambas cosas. Sin embargo, se necesita ver y ser vistx. Ahora que la necesidad de intimidad nos asfixia, expuestos en redes, pero encerradxs en nuestras casas, surge la duda de si este tipo de contacto nos hace sentir más solxs todavía, si quizás enviar una nude o realizar una videollamada en realidad nos aleja.
La novia de Agustina vive en Merlo, ella vive en Lomas de Zamora y no se ven hace tres meses, “Por un lado hay una cuestión de intimidad, el jueguito lo puede hacer más entretenido, pero cuando me voy a dormir, me voy sola”, dice.
Hombres y mujeres por igual buscan conectarse con su pareja, Lucas tampoco se encuentra conforme, él y su novia no se ven desde el inicio de la cuarentena tampoco, viven en provincias vecinas, “Considero que tiene un nivel de intimidad menor, porque conocí a mi pareja mucho mejor estando con ella personalmente. Creo que ayuda a fortalecer el vínculo, una forma más de sortear los problemas juntos, en este caso, el problema de la distancia”.
También hay que agregar que no todas las parejas necesariamente tienen sexo virtual, no importa cuán millenials o generación x sean, algunxs tienen miedo de ser vistxs por alguien que no sea su pareja. Camila vive a veinte cuadras de su novio Martín en Caballito, aun así, tampoco se ven en persona, no por una cuestión de voluntad ciudadana sino porque el hermano de Martín es paciente de riesgo: “En mi caso particularmente, tendría miedo de la posibilidad de sufrir hackeos, tampoco creo que cambiaría nuestra relación”.
Mucho se habla al respecto de lo que significa el sexo virtual, sin embargo mientras más se extiende la cuarentena más se convierte en una normalidad para algunas parejas. Lucas agrega: “Sí creo que se puede generar una conexión porque se producen sensaciones fuertes, como tener un orgasmo, aunque la verdad es que no me satisface. Lo considero positivo porque sé que le hace bien a mi pareja”.
Si bien no es solamente eso lo que falta en la dinámica de las personas, lo más repetido en los comentarios fue la necesidad de la corporalidad del otro. Agustina indica que duerme con una remera de su novia, “Me hace sentir que no estoy durmiendo sola, por eso nos cuesta tanto la distancia, porque nos gusta lo material y lo físico lamentablemente.”
A.B.
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